viernes, 7 de marzo de 2008

La Vénus hotentote. Museo del hombre de Paris.


Francia acepta devolver los restos de Saartjie Baartman, La Vénus hotentote, o lo que queda de ella, podrá por fin descansar en paz en su tierra. Los restos mortales de esta mujer, que en el siglo XIX asombró a los europeos con su anatomía, serán devueltos a Sudáfrica gracias a una proposición de ley aprobada ayer en comisión por la Asamblea Nacional francesa. Tras un sinfín de embrollos diplomáticos, jurídicos y administrativos, concluye así una historia tan sórdida como rocambolesca.

La muchacha procedía efectivamente de la etnia sudafricana de los hotentotes, denominada hoy por los antropólogos como khoisan. Fue capturada de niña después de la masacre de su familia y se convirtió en esclava en la granja de un colono holandés. En 1810, con apenas 20 años, un marino británico la llevó a Londres para exhibirla.

Y es que Saartjie Baartman, poseía un trasero particularmente abultado y prominente y unos órganos genitales externos hipertrofiados. Eran características típicas de algunas mujeres de su etnia, pero los europeos no habían visto nunca nada semejante. El marino hizo su agosto mostrándola en circos y ferias, primero en Gran Bretaña y luego en París, con el nombre artístico de la Vénus hotentote, que llegó a inspirar la composición de un vodevil.

Así lo relata el senador Philippe Richert, en el informe que ha respaldado la devolución de los restos a Sudáfrica. Baartman despertó también la curiosidad de la comunidad científica y en 1816, cuando terminó su triste vida, el Museo Nacional de Historia Natural de París se encargó de moldear en yeso su cuerpo y de mantener guardados en formol su cerebro y sus órganos genitales.

Pero no acabó ahí la exhibición de la bella. Su esqueleto y el molde pudieron contemplarse en los museos franceses hasta 1976 y el molde, ya solo, hizo una última aparición en 1994.Para entonces ya empezaban a alzarse voces en favor de la repatriación de Baartman, «convertida en su país en símbolo de la explotación y de la humillación sufridas por las etnias sudafricanas durante el doloroso periodo de colonización», según el senador Nicolas About, autor de la proposición de ley.

El presidente Nelson Mandela planteó la cuestión a François Mitterrand ya en 1994. Sin embargo, en palabras del senador Richert, «la incompetencia ha rivalizado con el absurdo» en este caso y la petición sudafricana topó con la burocracia francesa. En fechas recientes, mientras un secretario de Estado invocaba la inalienabilidad de las colecciones nacionales, un ministro le contradecía apelando nada menos que a la ley de bioética, según la cual los restos no pueden ser objeto de un derecho patrimonial.

Aprobada finalmente la restitución en el plazo de dos meses, el problema consiste ahora en localizar lo que queda de la Vénus hotentote tras sus numerosas peripecias. El molde y el esqueleto se encuentran al parecer a buen recaudo, pero de los frascos de formol donde se conservaban los genitales y el cerebro, ni rastro. El antropólogo Steve J. Gould recuerda haberlos visto en un estante del Museo del Hombre de París, «justo encima del cerebro de Broca», otro afamado cirujano y antropólogo.

Un empleado del Museo cree que los envases pudieron romperse en 1983 ó 1984, cuando se desplomó la estantería del armario metálico que los albergaba. «Esta respuesta, que se reduce a una simple suposición, es preocupante, tratándose de piezas de las colecciones y además, de restos humanos».